FUNDACIÓN CADAH


TDAH en el aula  Estrategias en el aula

PROFESORES Y TDAH: COMIENZO DEL CURSO ESCOLAR.

 

De cara al comienzo del curso, queremos poner un acento en todos aquellos profesionales de la educación que este curso que empieza van a encontrarse con algún alumno con TDAH en sus aulas.

Evidentemente, hay aspectos que son recomendables que el profesor conozca respecto a los alumnos con TDAH, para que la respuesta educativa que les brinden sea la más ajustada a las necesidades que presentan y, en la medida de lo posible, la que menos se aleje del currículum ordinario.

El TDAH o Trastorno por Déficit de Atención e Hiperactividad es un trastorno neurobiológico de carácter crónico, sintomáticamente evolutivo y de probable transmisión genética que afecta entre un 5 y un 10% de la población infantil, llegando incluso a la edad adulta en el 60% de los casos. Está caracterizado por una dificultad de mantener la atención voluntaria frente a actividades, tanto académicas como cotidianas y unido a la falta de control de impulsos.

Diferentes estudios realizados señalan que entre un 60-80 % de los niños con hiperactividad presentan problemas académicos importantes. Por ello, se establecen como imprescindible el conocimiento de estos por parte del profesorado para hacerles frente de la manera más adecuada posible.

Un grupo de alumnos con TDAH pueden presentar errores en las tareas escolares debido a su impulsividad, aunque su capacidad intelectual sea adecuada. Esto es debido, en cierta medida, a la inmadurez que presentan, ya que les afecta en la intensidad y duración de su concentración y en la habilidad para mantener la atención en la tarea que esté realizando.

Por otra parte, podemos encontrar alumnos que sí fallen en sus tareas escolares porque, de manera generalizada, tienden a concentrar su atención en una porción de la tarea a realizar, por lo que no prestan la misma atención al conjunto de toda la tarea dejando partes de esta obviadas. Es lo que les ocurre en ocasiones a los alumnos con TDAH en los exámenes; centran su atención en unas preguntas olvidando la realización de otras. Como consecuencia obtiene un bajo resultado aunque contaban con los conocimientos precisos.

Lo que es importante que señalemos es que por lo general, los alumnos con TDAH presentan un rendimiento escolar que no es el esperado conforme a su capacidad intelectual, algo de lo que los profesores suelen `quejarse`.

A continuación vamos a señalar las áreas principales en las que pueden encontrar dificultades los alumnos con TDAH.

Comprensión y fluidez lectora.

Comprensión lectora deficiente, dificultades en la comprensión de textos largos. Por la impulsividad y los problemas atencionales suelen omitir palabras o letras, interpretando mal el contenido de lo que han leído.

Cálculo y matemáticas.

La mayor dificultad radica en el paso del pensamiento concreto al abstracto, ya que son capaces de realizar cálculos mentales básicos pero, cuando estos se basan en la memoria o en la automatización de los conceptos, cometen fallos debido a la falta de atención y concentración. Presentan mayor facilidad cuando se les enseña a representar gráficamente, ya que con ello mejoran la comprensión y se reduce el nivel de abstracción.

Escritura.

Por la falta de atención en la regulación de sus movimientos, los alumnos con TDAH suelen presentar dificultades en la psicomotricidad fina y cuya consecuencia puede ser que su letra sea desorganizada, demasiado grande o pequeña, etc.

Para dar, como decíamos al comienzo, una respuesta educativa lo mas adaptada a sus necesidades como sea posible, debemos tener claros cuales son los principios de intervención en los que debemos basarnos:

  • Darles las instrucciones de forma clara, breve y concisa.
  • División de tareas en pequeños pasos.
  • Proporcionar, inmediatamente después del comportamiento, tanto las consecuencias negativas como positivas, para que el alumno relacione el comportamiento que ha tenido con la consecuencia que ha recibido por él.
  • Evitar que los refuerzos negativos sean encadenados, de forma que una mala conducta se produzca durante un castigo.
  • Diseñar los refuerzos lo más adaptado posible a los gustos del niño, e intentar modificarlos con frecuencia para mantener el interés.
  • Intentar, en la medida de lo posible, anticiparnos a los comportamientos de los niños, intentando recordar periódicamente las normas, sobre todo ante situaciones en las que sepamos que al niño le va a costar llevar a cabo la norma establecida.

Veamos ahora una serie de estrategias de intervención que debemos poner en práctica:

La administración de consecuencias.

Todo comportamiento que presente el alumno con TDAH, ya sea positivo o negativo, debe tener una consecuencia inmediata, consistente, breve y frecuente. Es indispensable que la consecuencia sea administrada justo después del comportamiento, para que el niño relacione la acción que ha llevado a cabo con la consecuencia.

Los premios serán las consecuencias positivas, y estos dependen en gran medida del niño, de sus motivaciones, sus gustos, etc. Podremos otorgar juegos, campeonatos, comentarios de ánimo, recompensas tangibles, etc.

Por su parte, los castigos serán las consecuencias negativas e implican quitar al niño algo que le agrade o forzarle a hacer algo que no le guste. No debemos perder de vista que los castigos prolongados en el tiempo pierden su eficacia, por ello se deben emplear temporalmente. Si el comportamiento que se desea eliminar perdura en el tiempo, debemos saber que el mejor remedio y consecuencia negativa es la ignoración. Si por ejemplo el alumno comete comportamientos disruptivos en el aula como medio para llamar la atención del profesor o de los compañeros y estos comportamientos no se ven correspondidos, poco a poco irán desapareciendo puesto que no obtiene ningún reforzador, ni positivo ni negativo de ellos.

El coste de respuesta, que también es una consecuencia negativa, suele emplearse en los programas de economía de fichas y supone la retirada de algún privilegio en el niño. Por su parte, el tiempo fuera supone sacar al niño de la situación en la que está llevando a cabo el comportamiento disruptivo. Pero en este caso es necesario conocer muy bien previamente al niño, puesto que es posible que lo que pretenda con dicho comportamiento sea salir del aula para evitar una situación determinada (como la realización de una tarea) y si lo sacamos, lo que estaremos haciendo es reforzarle puesto que ha conseguido lo que pretendía.

Cuando contamos con un aula de adolescentes hay otro tipo de estrategias que podemos emplear, como el contrato de contingencias. Este es aconsejable para niños de 12 ó 13 años y consiste en realizar un contrato escrito en el que el niño se compromete a realizar determinadas cosas, a evitar ciertos comportamientos, etc. Para su elaboración ha debido existir una comunicación y un diálogo entre el adulto y el adolescente, por lo que él está implicado activamente en el proceso de controlar su conducta.

En ocasiones hemos hablado de la atención estratégica, como forma para recompensar positiva y negativamente al niño. Consiste en estar pendiente de él, en prestarle atención cuando lleve a cabo comportamientos que deben ser valorados y que irán acompañados de refuerzos verbales, palabras de ánimo, etc. Por su parte, cuando los comportamientos no sean los esperados, se debe producir una retirada total de atención, y centrarla en alumnos que estén realizando bien la tarea o que tengan el comportamiento que queremos potenciar en el alumno con TDAH.

Por último, no debemos olvidar el papel fundamental que desempeñan los compañeros muchas veces en la modificación conductual dentro del aula. Como hemos comentado anteriormente, por ejemplo, cuando un niño lleva a cabo comportamientos disruptivos y pretendemos eliminarlos, la ignoración por parte de los compañeros, sin que presenten ellos la respuesta que espera el niño que llama su atención, puede ser muy beneficiosa. En ocasiones los compañeros pueden ser muy útiles para administrar las recompensas positivas, pero no tanto para las negativas, que es aconsejable que sean gestionadas por un adulto.

Un sistema que se ha comprobado que obtiene muy buenos resultados el la figura del `compañero-tutor`. En él, un alumno ejerce el papel de tutor de otro compañero que presenta más dificultades académicas.

Evidentemente, el tutor debe poseer ciertas características que le hagan posible desempeñar este papel. El hecho de que un igual sea el que corrige, explica y rectifica los errores, pone al alumno con dificultades en una posición de empatía mayor y por lo tanto, de mejores resultados.

Rocío Meca Martínez.

Especialista en Pedagogía Terapéutica de Fundación CADAH.

Bibliografía.

Guía del TDAH para Profesores: Tengo un niño Hiperactivo en clase: Guía del TDAH para profesores, Asesoramiento PAPEA

Asociación Proyecto Infancia