Alberto Segura Fernández-Escribano

(Coordinador de Organización de Proyecto Infancia)

Mañanas más tranquilas

Cómo podemos trasformar el “zafarrancho de combate” de las mañanas en un trabajo más sencillo y apacible.

Empezar la mañana angustiándose es una muy mala manera de empezar. ¿Qué podemos hacer cuando llega la hora de salir camino del colegio y nuestro hijo está sin peinar o sin lavar los dientes o sin calzarse o desaparecido, jugando por cualquier habitación de la casa?

Para muchas madres y padres esta situación es el “pan nuestro de cada día” y si hablamos de un niño TDAH bastante más y muchos habrán perdido toda esperanza de cambiar las cosas. Si pudiéramos solucionarlo cuántos gritos, disgustos y castigos le habríamos ahorrado a nuestro hijo. ¿Lo intentamos?

Para ello vamos a enumerar algunas medidas interesantes para poner en práctica y que pueden dar un resultado satisfactorio.

Debemos levantarnos con tiempo suficiente para ducharnos, vestirnos, desayunar y estar preparados para salir, ya que en cuanto despertemos al niño, no será posible dedicar un solo minuto a nosotros mismos.

En primer lugar es importante quitarse por la noche la mayor cantidad posible de obligaciones para la mañana:  la cartera preparada, el desayuno montado en la encimera o en la mesa de la cocina en la medida de lo posible (el cacao puesto ya en la taza, las galletas, las tostadas o los cereales colocados al lado. Si fueran tostadas, la tostadora preparada para tan solo apretar el botón). La ropa a utilizar colocada de tal manera que pueda ir cogiéndola sin reparar en qué orden debe ponérsela, por ejemplo: primero la ropa interior, después la camisa o camiseta, el pantalón o chándal, el jersey o chaqueta del chándal, los calcetines y por último los zapatos o zapatillas de deportes. Esto, con ayuda del padre o la madre, debería acostumbrase a colocarlo él todas las noches antes de acostarse. Que el niño se duche por la noche es una muy buena medida para ahorrar tiempo.

En segundo lugar y una vez vestido, debe lavarse la cara, peinarse y quedar preparado para salir a la calle.

A continuación, en la cocina y ya con el desayuno preparado el niño TDAH puede permitirse el “lujo” de entretenerse desayunando pero siempre bajo la intermitente pero vigilante mirada de la madre o el padre.

Si tenemos en cuenta que los niños TDAH recién levantados de la cama son más propensos a dispersarse, a entretenerse o a moverse con una enorme lentitud, conviene que la persona que va a despertarle, prepararle y llevarle al colegio, se haya levantado con tiempo suficiente para arreglarse, vestirse y desayunar ya que cuando al niño se le deja solo en su habitación, si sumamos su capacidad de dispersión al sueño que tiene en esos momentos, difícilmente va a correr para vestirse y si lo hace será muy lentamente, simplemente se quedará muy quieto o, a lo sumo, se irá vistiendo mientras su capacidad de atención se vuelca en cosas por completo ajenas a la actividad que debe desarrollar en esos momentos.  Por eso es conveniente que estemos a su lado desde que se levanta hasta que se dirija a la cocina a desayunar, indicándole en voz alta las prendas que debe ir cogiendo para vestirse, los pasos que debe dar, etc.

Dejar el desayuno para el final es muy importante porque es donde más puede entretenerse y si no hay tiempo, aunque no es deseable, sí es posible dejar el desayuno para no llegar tarde al colegio, cosa que no sería posible si está sin vestir o sin calzar.

Todo este sistema asegura llegar a tiempo al colegio sin miedo a sufrir un “infarto” por el estrés. Puede ocurrir que aun así,  lleguéis tarde; la solución reside en que tanto la madre o el padre como el niño se levanten diez minutos antes y así sucesivamente hasta que comprueben que la mañana empieza de manera pausada y tranquila. Todo el tiempo que se adelante por la mañana, también debe adelantarse por la noche, por lo que al niño se le explica que si se levanta media hora antes debe acostarse también media hora antes; esto servirá de acicate para que se apresure, ya que a ningún niño le apetece meterse en la cama pronto.

Algunas personas me han dicho en tono de queja que es una faena tener que madrugar  tanto para poder salir a tiempo, pero mi contestación en forma de pregunta, siempre es la misma:

¿Qué prefieres?, ¿veinte minutos más de sueño y comenzar la mañana con los nervios tensados a tope, o veinte minutos menos de sueño y salir de casa tranquilos y felices?

También pienso que si como padres no podemos hacer el esfuerzo de levantarnos un poco antes, como vamos a exigir a nuestros hijos que lo hagan.

Con el tiempo esta forma de funcionamiento, al igual que casi todas las acciones que realizamos rutinariamente a lo largo de la vida,  llegará a convertirse en costumbre y podremos dejar de perseguir al niño aunque siempre deberemos mantener una cierta vigilancia.